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lunes, 5 de mayo de 2025

¿Tengo que hacer terapia?



De entrada, puedo decir que suelo escuchar esta pregunta con frecuencia, como si se tratara de un pasaje obligatorio en la vida de alguien o su contraparte no hacerse ninguna pregunta, el verbo “tener” “tenemos”, ¿No remite más bien a un imperativo? que venga del otro o de las exigencias propias tal vez no sea una verdadera diferencia.

No lo colocaría del lado de un “deber” de hecho cada quien puede arreglárselas o hacer uso de los recursos que disponga para encontrar un saber hacer con los impases o lo mortificante que lo habite; además ¡propuestas en el mercado sobran!

Hay algo que es universal, que es para todos los seres hablantes y es que estamos marcados por el lenguaje que nos preexiste, por la lengua en la que fuimos bañados incluso antes de existir, antes de que un ser llegue a la vida ya carga con una lista de expectativas, de deseo que se coloca sobre él, de preguntas. Marcas que tienen valor de trauma, sobre el cual hemos montado la ficción con la que leemos la vida. Nadie puede escapar al trauma, pero hacer de esa marca traumática un destino o no, es la decisión de cada uno.

El psicoanálisis de la orientación lacaniana ofrece una opción más, dentro de la variadísima paleta de alternativas, como tratamiento a esas marcas del orden del trauma, puedo decir a su favor que es una opción ética y absolutamente singular, un psicoanálisis no es "Prêt-à-porter" (listo para llevar) más bien es al modo de un sastre, es decir a la medida de cada quien.   

Alejandra Quintero







sábado, 26 de abril de 2025

¿Generosidad o ética del papa Francisco?

 


A propósito del fallecimiento del papa Francisco y los ecos que deja seguramente para el mundo entero, pero para cada uno en singular, quiero extraer lo que puedo hacer legible de su paso por el papado, no es lo religioso sino la audacia con la que supo desmarcarse de los mandatos religiosos tradicionales, convenidos, obsoletos e incluso muertos, para revivir la iglesia con un aire fresco y reivindicar la juventud despegándola de la edad cronológica, se fue con 88 años, pero era un alma joven. ¿Será el deseo vivo lo que mantiene a alguien joven a pesar de los años?

Me pregunto si alguna vez habrá realizado un psicoanálisis de la orientación lacaniana, escucho en su enunciación una paridad entre la radicalidad de la política del psicoanálisis y los cambios profundos donde hace equivaler sus dichos a sus acciones, es el cargo eclesiástico más alto, sin embargo, en él veo la humildad de un cura de pueblo, supo despegar la jerarquía asociada al cargo a tender la mano de quien lo necesite.

Las noticias muestran el adiós conmovedor del mundo hacia su santidad, las plataformas hacen eco de las noticias dejando algunos recuerdos memorables sobre sus dichos y cambios que introdujo en lo profundo de la iglesia, él decía a los jóvenes “hagan lio” no se refería a hacer macanas cuya consecuencia era algún tirón de orejas en la infancia, se refería a un lio que propicie el movimiento, instaurando una versión mas viva de la iglesia. 

Introduce una diferencia radical entre ser pecador y ser pervertido, para dejar de hacer equivaler el abuso hacia niños y jóvenes con el pecado y colocarlo del lado del delito, una maniobra que dio lugar a un tratamiento de las consecuencias de seres siniestros amparados por una iglesia corrupta que se coludía con el horror de manera solapada y cómplice, mientras por otro lado se rasgaba las vestiduras excluyendo de la comunión a homosexuales, divorciados etc. quienes encuentran en Dios y en la religión un alivio posible al dolor existencial.

El papa Francisco, llamado el papa del pueblo, se negó a ser parte de una iglesia excluyente, sentando las bases de una iglesia mas amplia que llegue a los confines del universo, tal vez por ser un papa latinoamericano. Francisco introduce una ética, la ética de la dignidad para todos a los ojos de la iglesia, que la proclamación y la acción vayan por un sendero menos apartado.

Una iglesia menos moralista, menos muerta para pasar a una iglesia más viva, más humana.

Alejandra Quintero