Los
celos han sido en todos los tiempos un elemento infaltable en las relaciones,
con o sin fundamento, para algunos es un ingrediente necesario para confirmar
que se sigue enamorado como una suerte
de equivalente del interés por la pareja, para otros es insoportable que
la pareja haga demostraciones de celos, lejos de ser una confirmación del amor
o el interés es una prueba categórica de falta de confianza.
Celos
que pueden desencadenarse por algún tercero ya sea real o imaginario, puede surgir de algún
compañera/o de trabajo, asistentes personales,
de amigos de la infancia, vecinos y la lista podría ser
interminable, las o los intrusos que se
asoman a una relación y no pasan desapercibidos por el compañero, suelen remecer
el vínculo, pueden o no terminar con una
relación establecida, y eso dependerá de la consistencia de cada pareja, de la
comunicación que haya entre ambos, del interés que tenga
cada uno de apostar nuevamente por él otro y por supuesto resignar esas tentaciones
que nunca faltan.
¿Pero
qué lugar se le puede dar a los celos cuando él tercero
en discordia es tecnológico? Si, esos gadget ultramodernos (Ipat, apod, tablets,
celulares, computadora, play 3, etc) que a más de uno le viene a provocar celos, el
reclamo es que se dedica más tiempo a las mencionadas pequeñas maravillas que a
la propia pareja, incluso lo introducen sin culpa a la intimidad de la pareja.
Estos
aparatos se nos han metido en la vida de tal manera que las relaciones en general (amigos, padres e hijos, etc) se
van deteriorando en términos de diálogo y todo lo que ello presupone, las relaciones de pareja en particular comienzan
a cuestionarse que son para el compañero
que alguna vez fue lo más importante y no escatimaba en hacerlo saber, las
cosas han ido cambiando, en tanto van menguando si no desapareciendo algunos gestos de amor, detalles diarios casi indispensables de donde
se sostiene una relación
Ensimismados
con ese goce autista, se va perdiendo poco a poco la necesidad que la pareja
tiene de sí misma, o es al revés?
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